El Camino para una Gestión Pública de Calidad

El Camino para una Gestión Pública de Calidad

Por Juan Pablo de la Guerra

La administración pública en el Perú entraña un conjunto de procesos burocráticos, comprensibles por el tamaño del Estado y por la complejidad de su organización. Sin embargo, el avance de la sociedad del conocimiento invita a preguntarse ¿Es posible la gestión pública con calidad, con procesos diligentes y poniendo la tecnología al servicio de dicha gestión? La respuesta a este interrogante es posible encontrarla en experiencias latinoamericanas y en otras partes del mundo. En Ecuador se encuentra en marcha el diseño de una nueva estructura administrativa que articule la gestión de las intervenciones públicas en todos los niveles de gobierno, siguiendo la diferenciación complementaria de competencias. (Carreño, Mabel Font, & Parra, 2013). 

Las reformas del Estado y de las administraciones públicas surgen a partir de la necesidad de recobrar la confianza ciudadana (Iglesias, 2006) y configurar un gobierno que tenga un ethos diferente, cuya imagen mental se asocia a las palabras lento, ineficaz, impersonal (Osborne & Gaebler, 1994). En este sentido, hoy la ciudadanía está más orientada a evaluar la gestión pública en función de los resultados. Por ello, la nueva gestión pública implica transitar de administrar (seguir instrucciones) a gestionar (conseguir resultados). Así, el control se utiliza para crear las condiciones que motivan a una organización para obtener resultados predeterminados (Carreño, et al., 2013). 

Los gobiernos están implantando tecnologías para ofrecer respuestas innovadoras ante una ciudadanía que cada vez más demanda servicios con calidad y eficiencia, buscando transformar las relaciones entre el Estado, la economía y la sociedad; además de incorporar a la región a los mercados internacionales. (Moyado, 2011). De modo que, los aspectos clave para una gestión de calidad son: la orientación a los resultados y al usuario, la gestión de procesos, la implicación del personal, el liderazgo y los objetivos explícitos, la mejora continua y la responsabilidad social, y todo con mediciones, indicadores y evidencias verificables (Aboal & et ali 2008). 

Ante este nuevo panorama de e-administración emerge y se consolida la gestión documental vinculada con el uso de métodos electrónicos. En este contexto, la gestión pública está llamada a generar las condiciones adecuadas para que los ciudadanos estén siempre informados sobre su gestión (transparencia), sean sujetos activos en la discusión de los asuntos y decisiones públicas (participación) y colaboren en la solución de los problemas que enfrentan las administraciones (colaboración). (Proyecto Decreto Reglamentación de la Estrategia Distrital de Gobierno Electrónico, 2011)

El momento actual exige instituciones extremadamente flexibles y adaptables. Exige instituciones que ofrezcan bienes y servicios de gran calidad y que aprovechen al máximo todas las energías. Exige instituciones que capaciten y autoricen a los ciudadanos antes de limitarse a servirlos. (Osborne & Gaebler, 1994). La moralidad con la necesidad de eliminar la corrupción y la informalidad son grandes retos a superar para llevar a cabo reformas de largo plazo. La visión cortoplacista y la politización de las instituciones no permitirán dar este salto tan necesario para el desarrollo de los países.

Referencias: